TRUMP Y EL NACIONALISMO NORTEAMERICANO

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Publicado por Alejandro Ramírez el 24 de enero de 2017 en el Diario UNO

El 20 de enero del 2017 será recordado como el día en que Donald Trump se convirtió en el cuadragésimo quinto presidente en la historia de los Estados Unidos, el país más poderoso del mundo y, como era de esperarse, en su discurso inaugural lanzó un potente mensaje nacionalista, ratificando lo prometido en campaña: “EE.UU será siempre primero”, “se acabó el habla vacía, los discursos vacíos”, en clara alusión a su antecesor Barack Obama. Su gobierno estará para servir al pueblo norteamericano, no para mantener el estatus de los privilegiados de Washington.

De esta forma, Trump puso énfasis de que en su mandato “transferirá el poder de Washington al pueblo”, siendo fervorosamente aplaudido por los asistentes. Esto debe haber incomodado mucho más al statu quo estadounidense conformado por políticos, empresarios y burócratas que, desde antes de su elección, le habían declarado la guerra. Las protestas callejeras en el día de su juramentación no son gratuitas, han sido manifestaciones bien organizadas y, sobre todo, muy bien financiadas por quienes lo odian, por el miedo a perder privilegios, como el multimillonario George Soros, un especulador financiero, que en el 2001 le dio a Toledo un millón de dólares para financiar la Marcha de los Cuatro Suyos (¿lo recuerdan?).

Es histórico para EE.UU. que Trump se haya convertido en presidente sin haber hecho vida política (ni los republicanos siquiera están seguros que los representa), lo que le permite hablar sin pelos en la lengua y quedó demostrado en su primer mensaje tras su investidura cuando anunció que protegerá a la industria nacional, incrementará el gasto público, los empleos y mayores protecciones sociales.

En el Perú no tenemos un presidente que diga lo mismo: “El Perú siempre primero”. Pese a que necesitamos un gobierno verdaderamente nacionalista, hemos dejado que Chile se apropie de nuestra economía nacional y de nuestras empresas estratégicas. Hemos permitido que españoles nos vuelvan a conquistar, vía la Telefónica y otras empresas, que esta vez no se lleva oro, sino nuestro dinero ¡El colmo! Hemos permitido que una banda de forajidos brasileños se haga de obras millonarias a base de coimas, colocándonos como uno de los países más corruptos de Latinoamérica.

Al margen de gustos o preferencias políticas, buena parte de la sociedad norteamericana tendrá que entender el daño que podrían imprimir a su democracia, que tanto exaltan, al abrir brechas en su propio país desconociendo el resultado electoral.

Por otro lado, el flamante presidente norteamericano tendrá que sopesar que llega al poder con un país dividido, con crisis social y política dentro y fuera de su país. El mensaje de unidad de su primera alocución como presidente es una buena señal para comenzar a apaciguar los ánimos y volver a tener nuevamente el terreno parejo entre sus conciudadanos.

Finalmente, lo que queda claro de la nueva administración norteamericana, sea populista como lo llaman sus enemigos o nacionalista y patriota como la consideran sus seguidores, es que Donald Trump representa un cambio en la conducción de la política norteamericana. Asumir que hará de “EE.UU. grande de nuevo”, sentenciando que “EE.UU. será siempre primero”, marca la línea de acción de este polifacético personaje, encumbrado hoy como presidente de la primera potencia mundial.

Ojalá que algún candidato en el Perú levante las banderas de un real nacionalismo y tenga como emblema “El Perú será siempre primero”. De aparecer, el éxito electoral el 2021 le podría ser auspicioso porque después de Lava Jato, nuevas figuras políticas se avizoran en la conducción del país y por qué no, un “Donald Trump peruano” podría ser el que tome las riendas de nuestra nación para moralizarla y desarrollarla.

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