TODO TIENE SU FINAL

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Publicado por Alejandro Ramírez el 09 de enero de 2017 en el Diario UNO

“Todo tiene su final, nada dura para siempre, tenemos que recordar que no existe eternidad”. Esta parte de la letra de la canción del desaparecido salsero Héctor Lavoe trae a colación el escándalo de “Lava Jato”, el caso más grande de investigación anti-corrupción (a nivel de Latinomérica), que está remeciendo los cimientos de la caduca clase política nacional; y que amenaza arrasar con funcionarios públicos mafiosos y empresarios coimeros que actuaron gansterilmente, como si el Estado fuera su botín de guerra, durante los gobiernos de Alejandro Toledo, Alan García y Ollanta Humala.

La corrupción, la eterna cuenta pendiente de Perú, parece que esta vez llegará a su final, al menos la que se desarrolló entre los años 2005 y el 2014, tiempo en el cual la constructora brasilera Odebrecht pagó 29 millones de dólares en sobornos a funcionarios peruanos, en los que están involucrados el accionar gansteril y mafioso de ciertos personajes de los gobiernos de turno de los últimos quince años.

“Todo tiene su final”, le cae como anillo al dedo, al principal sospechoso de haber recibido estas millonarias coimas, el expresidente Alan García Pérez, quien desde su primer gobierno se ha venido burlando de la justicia, creyéndose intocable, aunque para muchos es el más grande mafioso de la política peruana. Todo apunta a que sí el caso “Narcoindultos” fue su lápida electoral, lo de Odebrecht será su lápida carcelaria.

No en vano, García ha puesto en evidencia su nerviosismo pidiendo que se revelen los nombres de los involucrados por la empresa brasileña, a sabiendas que su identidad no saltaría en la llamada “Ruta Brasil”, sino en la “Ruta Perú” (de la cual no se habla, hasta ahora).

Ello, porque la gigante Odebrecht no solo ha actuado con empresas brasileñas en Perú. Lo ha hecho con empresas asociadas como la constructora Graña y Montero, cuyo propietario José Graña, hombre fuerte del grupo El Comercio, decano de los diarios nacionales que tiene como nexo de sus operaciones a Emilio Rodríguez Larraín, íntimo amigo de Alan García, está pasando piola. Entonces, habría que investigar que la ruta de los sobornos no solo puede tener una vía brasileña, sino también una ruta peruana. Ojo al piojo para la Fiscalía Anticorrupción, que tiene que develar también quiénes fueron los receptores de estas millonarias coimas, caiga quien caiga.

El caso “Lava Jato” debe servir también como oportunidad para limpiar la asquerosa clase política nacional actual, llena de personajes corruptos que se aprovechan del poder para enriquecerse a costa del Estado. Debe dar paso, a su vez, a un nuevo Perú, con políticos comprometidos con el país. Habría que preguntarse: ¿cuántas escuelas, hospitales, aeropuertos y puertos pudieron levantarse con la plata que ha ido a parar a manos de estos corruptos? La respuesta nos haría caer de espaldas, seguramente.

La operación “Lava Jato” ha puesto en evidencia también que Odebrecht y sus empresas Andrade Gutiérrez, Camargo Correa y Queiroz Galvao, se confabularon con el gobierno de Alejandro Toledo para sobrevalorar los costos de la construcción de la Interoceánica, como lo ha revelado el Departamento de Justicia de los Estados Unidos.

De otro lado, la Policía Federal de Brasil ha acusado al expresidente Ollanta Humala de haber recibido 3 millones de dólares como parte de una coima entregada por la empresa Odebrecht, sin contar que su esposa Nadine Heredia, se reunía con los altos directivos de la firma garota.

Finalmente diremos que la investigación que llevará adelante la comisión “Lava Jato” en el Congreso, presidida por el parlamentario Víctor Albrecht, no abriga mucha esperanza, pues sabemos de los entuertos y arreglos bajo la mesa con los que siempre actúan nuestros mal llamados padres de la Patria. En cambio, por el lado de la Fiscalía y el Poder Judicial tenemos esperanza de que se llegue a la verdad y que los culpables sean castigados con todo el peso de la ley.

Como dice la canción “Todo tiene su final”. Y, como peruanos, todos soñamos que la corrupción sea un “Periódico de ayer”.

 

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