RECONSTRUIR, PERO SIN CONSTRUIR OTRO DESASTRE

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El desastre del ‘Niño Costero’ todavía no termina de hacer sentir sus desastrosos efectos y lo primero que se nos viene a la mente es que pasada la pesadilla se iniciará el proceso de reconstrucción. Pero nos preguntamos, ¿si esa será otra pesadilla? o ¿si se harán mal las cosas como la mayoría de veces? Mal diseñadas, con improvisación y, lo peor, con la maldita corrupción que nos tiene sumidos en un país tercermundista.

Para la reconstrucción el dinero no es el problema. El tesoro público tiene en ahorros 90 mil millones de soles. El problema real es que para levantar a estos pueblos de la extrema pobreza y dotarlos de la suficiente infraestructura que pueda insertarlos de nuevo en la vida económica del país, se necesitan empresas con tecnología de punta y que sean supervisadas eficientemente por la Contraloría, aunque mejor sería una supervisión internacional, pues los controles y filtros de la Contraloría en el país, la mayoría de veces, han sido un saludo a la bandera.

Para evitar todo esto se necesita la participación de la población. Eso es indispensable. Una ciudadanía vigilante y defendiendo el dinero público que pertenece a todos los peruanos para lograr que las obras de la reconstrucción se realicen con planificación y con visión futurista. Claro está, sin corrupción que, en síntesis, es la culpable directa que el desastre de la naturaleza deje muertos, miles de damnificados y la destrucción de la poca e incipiente infraestructura con la que contábamos antes del fenómeno natural.

Los temores que la reconstrucción no se realice eficientemente, se dan por la precariedad institucional y la falta de políticas de Estado. Los partidos políticos en la práctica no existen. Somos un país fragmentado en microrregiones, cuando deberíamos tener macrorregiones que nos lleven al desarrollo. Actualmente tenemos gobiernos subnacionales, cuya mayoría solo sirve para malgastar los recursos públicos en obras que terminan en elefantes blancos, sin haber tenido la visión de priorizar obras de prevención que hubiesen mitigado los efectos de la catástrofe climatológica. La corrupción y dejadez, los apartó de la ruta del progreso.

Para la reconstrucción se necesitan grandes planes de inversión de la Alianza Público Privado (APP). Necesitamos a los mejores asesores técnicos del mundo que, en conjunto con los mejores técnicos del país, emprendan la ardua y difícil tarea de la reconstrucción. Es responsabilidad directa del presidente Pedro Pablo Kuczynski asumir las riendas de este proceso. Pero no con sus amigotes empresarios y lobistas, que ya se están frotando las manos de cuánto dinero podrían ganar con las obras de la reconstrucción. Estos viejos y rapaces empresarios, lo único que les interesa es ganar plata a toda costa, sin interesarles para nada el país. El caso Odebrecht es un ejemplo claro de su nefasto accionar antipatriótico.

Una coordinadora técnica donde estén involucrados los decanos de los colegios profesionales, las universidades de la región y una ciudadanía vigilante, podría hacer un eficiente seguimiento y evaluación de las obras a ejecutarse. Esta debe ser la oportunidad para construir un nuevo país, sin corrupción y con infraestructura futurista y moderna que nos lleve al desarrollo. Esto es lo que queremos y nos merecemos como país. Por lo tanto, deberemos actuar con unidad, honradez y transparencia. Esta vez no se puede fallar. 

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