PERUANOS POR EL KAMBIO, UN SANCOCHADO SIN FUTURO

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No hay partidos políticos fuertes en el Perú. Ni siquiera el APRA y el PPC lo son, y por ello tuvieron que formar un solo bloque para tentar la presidencia de la República en las últimas elecciones generales. En las provincias es más evidente esa debilidad. Ahí los partidos tradicionales son lejanos, ¡y ajenos!, por lo que en las pasadas elecciones regionales y municipales la gente prefirió a los movimientos locales, con lamentables consecuencias, en muchos casos.

Los partidos políticos de alcance nacional son indispensables para el funcionamiento del sistema democrático, por lo que la ausencia de estos no debe ser una preocupación únicamente de los militantes y simpatizantes de los pocos partidos nacionales, sino de la ciudadanía en general.

Desde la década de 1990, con la excepción del Apra en el 2006, los partidos políticos que llevaron a un presidente al poder no fueron sino movimientos creados con fines de cortísimo plazo: el triunfo en las elecciones de la fecha más próxima.

Estas agrupaciones políticas, constituidas por candidatos reciclados de otros partidos y movimientos, se convirtieron en clubes de socios o en “vientres de alquiler”, sin ideología, sin proyectos a futuro para el país, sin programas de gobierno, sin democracia interna, caudillistas, con militantes-candidatos con donaciones generosas (sin importar la procedencia del dinero), con discursos populistas para las galerías, pero sin fundamentos o bases técnicas.

Ya en el poder, los resultados son un Congreso que se hunde cada vez más en el desprestigio y un Poder Ejecutivo sin rumbo, con cortos avances y grandes retrocesos, con incumplimiento de las promesas electorales, con dependencia de lo que pregonan los medios de comunicación y algunos opinólogos; todo esto mientras la población continúa con sus expectativas insatisfechas.

Este es el caso exacto del partido de gobierno: Peruanos por el Kambio (PPK). No ha tenido que pasar más de un año para demostrar su inconsistencia, su falta de unidad y de esencia. PPK no es un partido político fuerte, es un “sancochado” de tecnócratas de distintas tendencias condimentado con politiqueros que han tenido que venir del fracaso de otras tiendas para fungir de voceros del régimen, y donde todos jalan pa’ su lado.

No hay línea política en PPK, no hay identidad, base doctrinaria, sentido de pertenencia al grupo ni compromiso con la memoria de sus ideólogos o mártires porque sencillamente no los tiene. A la hora de la caída estrepitosa, cada integrante se marchará por su camino en un rompan filas desvergonzado dejando solo al más tonto porque ni siquiera son leales entre ellos. Un claro ejemplo de ello son Alejandro Toledo y Ollanta Humala. ¿Dónde están ahora el “posibilismo” y el “nacionalismo”? No existen, porque Perú Posible y el Partido Nacionalista no fueron partidos políticos fuertes.

Así, no hay que realizar mucho esfuerzo para adivinar el futuro de PPK. Y ya no hablamos del partido político Peruanos por el Kambio, sino de Pedro Pablo Kuczynski, el principal ingrediente del sancochado.

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