CARTAGENA | LAS PARADISÍACAS ISLAS DEL ROSARIO. Belleza, relajo y diversión en el caribe colombiano

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Playa Blanca, derrocha su encanto tropical.

Un total de 28 islas sobresalen esplendorosas en el océano y dan vida al archipiélago denominado Islas del Rosario, en la zona insular de Cartagena (Colombia).

Su nombre se debe a la ubicación celestialmente estratégica que ocupa cada isla, ya que juntas forman un rosario.

Punto de partida

Para llegar a este paradisíaco lugar, partimos temprano desde Cartagena hacia el muelle La Bodeguita.

La ciudad cuenta con varios muelles, pero La Bodeguita es el único muelle autorizado para la salida y embarque de pasajeros con destino a las Islas del Rosario, Barú y Playa Blanca.

Una vez en este muelle, tenemos que formar cola para comprar las pulseras de entrada y elegir el menú.

Viaje en altamar

La tripulación El Isleño nos recibe con los chalecos salvavidas en mano. Nos ayudan a subir mientras van contando a los pasajeros. A las diez de la mañana, el último asiento del barco por fin es ocupado. Entonces, con los chalecos bien abrochados, nos embarcamos en este viaje hasta lo profundo del mar.

A los pocos minutos, el cuerpo termina de empaparse. Navegamos en contra de la corriente. La altitud del agua exige navegar a toda velocidad para evitar hundirnos. Los pasajeros a bordo tienen que enfrentar fuertes ventiscas y lluvias.

El recorrido es constantemente interrumpido por rocas que chocan ferozmente contra el barco y nos hacen brincar como si tuviéramos resortes bajo el asiento.

Sin dejar de sujetarnos, divisamos a lo lejos los grandes hoteles de la bahía que se imponen en el horizonte azul.

Más adelante, apreciamos las grandes fortificaciones y baluartes, que sirvieron para proteger de los asedios en la época colonial.

Mientras más nos adentramos en el mar, aún más hermosos son los paisajes que vamos descubriendo ante nuestros ojos, en este tour panorámico por las Islas del Rosario.

El paraíso del snorkel

El mayor atractivo de este lugar, indiscutiblemente, es donde se puede practicar snorkel.

Después de 45 minutos de navegación intensa y divertida, la sensación de sociego es inmediata. Llegamos al acuario, un lugar de ensueño. El agua deja vislumbrar bancos de arena blanca, donde, según explica el capitán, viven estrellas de mar, caracoles y pepinos de mar.

Es momento de ponernos en contacto con aguas cristalinas y corales que albergan una amplia variedad de flora y fauna marina. De un brinco ya estamos en el mar y por grupos comenzamos a visualizar los cardúmenes.

Unos se atreven a bajar hasta el fondo del mar y otros prefieren observar el espectáculo marino desde los flotadores.

No me bastaba con quedarme viendo de lejos. En mi primer inmersión me acerqué al azul del mar y vi muchos peces escabullirse entre las rocas. Todo pasaba tan rápido, desaparecían unas especies y aparecían otras. Era como si sonara música y estas bailaran.

Quedamos fascinados, no queríamos subir al barco, pero ya había pasado la hora y aún quedaba mucho más por disfrutar.

Sea cual haya sido la opción que tomó cada uno de los visitantes, todos pudieron apreciar la belleza marina que habitan las aguas del caribe colombiano.

Playa Blanca y sabor

Nuestra siguiente parada, es Playa Blanca, una hermosa playa de arena blanca y mar turquesa.

Lo que le sigue a la extraordinaria experiencia bajo el mar, es nada más y nada menos que, un merecido y suculento almuerzo al estilo colocho.

El plato típico de la zona es la mojarra, un pescado delicioso pero de abundantes huesitos, que va acompañado de patacones, ensalada y arroz dulce con pasas.

Esta playa ofrece una tranquilidad incomparable. La claridad de sus mansas aguas, se complementa perfectamente con la naturaleza que reverdese sobre la arena blanca.

Su gente

El panorama en Barú, es de una sociedad carácterística de la realidad Latinoamérica. Alegres lugareños que viven en casas muy humildes,  trabajan en los barcos, vendiendo artesanías o haciendo masajes a los visitantes.

Ellos han encontrado en el turismo una oportunidad de desarrollo. En sus rostros se refleja la alegría y la dedicación que le ponen a su trabajo, con el único propósito de surgir en la vida.

Uno de ellos, es Chocolate, el capitán de nuestro barco, quien con la gracia y talento que posee, hace desprender sonrisas y carcajadas a los pasajeros, con curiosos secretos que va contando a lo largo del viaje.

Última Parada

Extremadamente relajados y agradecidos por esta aventura en el mar, retornamos en un viaje más tranquilo. Estábamos tan relajados que no hubiéramos tenido las mismas fuerzas para sujetarnos, si el viaje fuera tan interrumpido como en nuestra llegada.

Arribamos en el muelle de la Bodeguita. Aquí, nos despedimos de las extraordinarias islas colombianas y de los amigos que hicimos en esta expedición, con la esperanza latente de volver por un poco más de energía positiva, en una próxima oportunidad.

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